Masakatsu Agatsu Katsuhayabi: La verdadera victoria es la victoria sobre uno mismo

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Hay victorias que todos pueden ver.
Una medalla.
Una graduación.
Una sumisión.
Un adversario derrotado.
Y existen otras que probablemente nadie llegará a conocer.
Levantarnos cuando queríamos quedarnos en cama.
Entrenar cuando no tenemos ganas.
Mantener la calma cuando sentimos miedo.
Controlar nuestra ira cuando sería mucho más fácil descargarla sobre otro.
Reconocer que estábamos equivocados.
Aceptar una derrota sin buscar excusas.
Volver al tatami después de haber fallado.
Abandonar la necesidad de demostrar constantemente quiénes somos.
Estas pequeñas batallas rara vez reciben aplausos.
Sin embargo, pueden representar algunas de las victorias más importantes de nuestra vida.
Los antiguos japoneses nos dejaron una expresión extraordinaria para hablar de ellas.
De la mitología japonesa al Aikido
Aunque actualmente la expresión es conocida principalmente por su relación con Morihei Ueshiba, fundador del Aikido, sus raíces son mucho más antiguas.
En la antigua mitología japonesa, la expresión forma parte del nombre de un kami (神, divinidad o presencia sagrada):
Masakatsu Agatsu Katsuhayabi Ame-no-Oshihomimi-no-Mikoto.
La expresión pertenece, por tanto, a un contexto muy anterior al Budō moderno y al propio Aikido.
Siglos después, Morihei Ueshiba encontró en estas palabras una manera extraordinariamente poderosa de expresar su propia comprensión del camino marcial.
Para aproximarnos a su significado podemos observar sus tres ideas principales.
Masakatsu — 正勝
La verdadera victoria
Masa (正) contiene las ideas de correcto, verdadero o recto.
Katsu (勝) significa victoria o vencer.
Por ello, Masakatsu puede entenderse como:
«Victoria verdadera» o «victoria correcta».
Pero inmediatamente aparece una pregunta.
¿Qué significa realmente vencer?
En la interpretación más elemental del combate parece sencillo.
Yo gano.
Tú pierdes.
Yo consigo la sumisión.
Tú haces tapear.
Pero el camino marcial nos obliga a hacer una pregunta mucho más incómoda:
¿Es posible vencer exteriormente y, al mismo tiempo, ser derrotado interiormente?
Por supuesto.
Podemos ganar un combate actuando desde el miedo.
Podemos someter a un compañero y ser incapaces de controlar nuestra propia arrogancia.
Podemos ganar una discusión y perder una amistad.
Podemos acumular medallas, grados y reconocimientos mientras seguimos siendo esclavos de nuestra inseguridad.
Entonces quizás no toda victoria sea necesariamente una verdadera victoria.
Masakatsu comienza obligándonos a preguntarnos algo mucho más profundo:
¿Qué merece realmente ser vencido?
Agatsu — 吾勝
Victoria sobre uno mismo
吾 (a / ware) — contiene la idea de «yo» o «uno mismo».
勝 (katsu) — «vencer», «triunfar», «obtener la victoria».
Dentro de la interpretación marcial asociada a Ueshiba, Agatsu suele entenderse como:
«Victoria sobre uno mismo».
Y en ese momento el combate cambia completamente.
Porque nuestro adversario ya no está necesariamente frente a nosotros.
Está dentro.
Es nuestro miedo.
Nuestra pereza.
Nuestra frustración.
Nuestra impaciencia.
Nuestro orgullo.
Nuestra necesidad de reconocimiento.
Nuestra incapacidad para aceptar una derrota.
Nuestra obsesión por compararnos con los demás.
Nuestro ego.
Y este adversario posee una ventaja extraordinaria:
conoce todas nuestras debilidades.
Porque forma parte de nosotros.
El adversario que llevamos al tatami
El Jiu-Jitsu posee una capacidad extraordinaria para revelar nuestras debilidades.
Podemos entrar al tatami pensando que estamos allí para aprender a controlar el cuerpo de otra persona. Muy pronto descubriremos que primero tendremos que aprender a controlarnos a nosotros mismos.
Un compañero nos controla. Nos incomodamos. Su peso comienza a sentirse, nos falta espacio e intentamos escapar utilizando fuerza.
Nada funciona.
Nuestra respiración se acelera. Aparece la frustración, después el miedo y, finalmente, aquella voz interior:
«Haz algo. Cualquier cosa. Sal de aquí».
En ese momento existen dos adversarios.
Uno está sobre nosotros.
El otro está dentro de nuestra cabeza.
Y muchas veces el segundo es considerablemente más peligroso.
Con el tiempo aprendemos otra manera de responder.
Respirar. Protegernos. Crear estructura.
Comprender dónde está realmente el problema.
Aceptar momentáneamente una mala posición sin resignarnos a permanecer en ella.
Esperar. Reconocer una oportunidad. Movernos. Escapar.
Desde afuera alguien podría pensar que simplemente ejecutamos una técnica.
Pero nosotros sabemos que ocurrió algo más importante.
Por un instante conseguimos gobernarnos a nosotros mismos.
Eso es Agatsu.
Katsuhayabi — 勝速日
La victoria en el instante
Katsuhayabi (勝速日) es considerablemente más difícil de trasladar directamente al español.
La expresión forma parte de un antiguo nombre divino de la mitología japonesa. Su significado no puede establecerse con seguridad simplemente traduciendo cada carácter por separado.
En las enseñanzas asociadas a Morihei Ueshiba y difundidas a través del Aikido, suele interpretarse como una victoria inmediata, que se manifiesta en el instante presente.
Desde esa interpretación, encontramos una enseñanza especialmente significativa para nuestra práctica: la victoria sobre nosotros mismos no puede permanecer como una intención futura. Debe manifestarse cuando somos puestos a prueba.
En nuestra lectura para el tatami, esa prontitud adquiere una exigencia concreta:
la victoria debe ocurrir ahora.
No mañana.
No cuando las condiciones sean perfectas.
No cuando sintamos que estamos preparados.
La victoria sobre el miedo, la ira, la duda o el ego solo puede conquistarse en el momento mismo en que aparecen.
No venceremos nuestro miedo algún día.
Tenemos que enfrentarlo cuando aparece.
No aprenderemos a gobernar nuestra ira la próxima semana.
Tenemos que hacerlo cuando comienza a surgir.
No venceremos nuestro ego cuando recibamos una determinada faixa.
Tenemos que enfrentarlo durante el entrenamiento de hoy.
Porque solamente existe un lugar donde podemos actuar:
aquí.
Y solamente existe un momento:
ahora.
Las tres victorias y el Mitsu-Tomoe
Hay algo especialmente interesante en Masakatsu Agatsu Katsuhayabi: la expresión puede contemplarse como tres dimensiones de una misma victoria.
Masakatsu — 正勝
La victoria verdadera.
Agatsu — 吾勝
La victoria sobre uno mismo.
Katsuhayabi — 勝速日
La victoria en el instante presente.
Tres victorias.
Pero ninguna está realmente separada de las demás.
Una victoria difícilmente puede ser Masakatsu —verdadera— si no existe Agatsu, dominio sobre nosotros mismos.
Y ese dominio no puede permanecer solamente como una intención futura: debe manifestarse en Katsuhayabi, en el momento mismo en que somos puestos a prueba.
Esta relación encuentra, para nosotros, una hermosa representación en el Mitsu-Tomoe (三つ巴) ↗
Sus tres formas parecen independientes y, sin embargo, pertenecen a un mismo círculo.
Cada una continúa en relación con las otras, generando una sensación de movimiento permanente.
Dentro de 4th Axis Jiu-Jitsu, podemos utilizar esa imagen como representación de las tres victorias:
Masakatsu — vencer correctamente.
Agatsu — vencernos a nosotros mismos.
Katsuhayabi — vencer aquí y ahora.
No se trata de afirmar que este sea el significado histórico tradicional del Mitsu-Tomoe.
Es nuestra interpretación.
Una manera de utilizar un símbolo antiguo para recordar un principio que queremos llevar al tatami y a nuestra vida.
Porque las tres victorias, finalmente, son una sola.
Vencer correctamente.
Vencernos a nosotros mismos.
Hacerlo aquí y ahora.
La victoria antes de la victoria
Entonces las tres ideas comienzan a encontrarse.
Masakatsu. La victoria verdadera.
Agatsu. La victoria sobre uno mismo.
Katsuhayabi. La victoria en el instante presente.
Y aparece una idea extraordinariamente poderosa:
la victoria fundamental puede ocurrir antes de derrotar al adversario.
Si conseguimos gobernar nuestro miedo, nuestra respiración, nuestra intención y nuestro ego, ya hemos ganado una batalla fundamental.
Esto no significa eliminar la naturaleza competitiva o combativa del Jiu-Jitsu.
Todo lo contrario.
El Brazilian Jiu-Jitsu debe funcionar contra resistencia.
Queremos desarrollar la capacidad real de controlar a otra persona.
Queremos pasar su guardia.
Queremos escapar.
Queremos barrer.
Queremos finalizar.
Queremos mejorar.
Y cuando competimos, queremos ganar.
Pero existe una enorme diferencia entre:
querer vencer
y
necesitar vencer para demostrar nuestro propio valor.
La primera actitud puede ayudarnos a crecer.
La segunda nos convierte en esclavos del resultado.
El error y la derrota también son parte del camino
Existe una paradoja maravillosa dentro del Jiu-Jitsu: tenemos que equivocarnos muchas veces para aprender a hacer las cosas correctamente.
Seremos barridos, montados, estrangulados y finalizados. Tomaremos malas decisiones, caeremos nuevamente en trampas que ya conocíamos y repetiremos errores que pensábamos haber superado.
Eso no significa que nuestro camino haya fracasado.
Significa que estamos recorriéndolo.
El error no es lo contrario del aprendizaje. El error es parte del aprendizaje.
El problema comienza cuando nuestro ego nos impide reconocerlo. Si buscamos inmediatamente una excusa, protegemos nuestra imagen, pero perdemos la oportunidad de aprender.
En cambio, cuando conseguimos observar honestamente lo ocurrido, el error comienza a convertirse en información.
¿Qué hice? ¿Qué no vi? ¿Dónde perdí la estructura? ¿Qué decisión permitió que apareciera el problema? ¿Qué podría hacer diferente la próxima vez?
Lo mismo ocurre con la derrota.
Perder puede mostrarnos aquello que la victoria muchas veces oculta: nuestras debilidades, nuestros vacíos técnicos, nuestros temores y aquellos hábitos que todavía necesitan trabajo.
Por eso, aceptar una derrota no significa conformarnos con ella. Significa reconocerla para poder transformarla.
Caemos.
Observamos.
Comprendemos.
Corregimos.
Nos levantamos.
Y volvemos a intentarlo.
Así se construye un practicante. Y así también se construye el carácter.
Con el tiempo descubrimos que muchas de las dificultades que alguna vez quisimos evitar fueron precisamente las que terminaron haciéndonos más fuertes.
Nuestros errores y nuestras derrotas no son interrupciones del camino. Son parte del camino.
A veces, tapear también es Agatsu
Dentro del Jiu-Jitsu existe un gesto extraordinariamente sencillo.
Tapear.
Golpeamos suavemente a nuestro compañero.
La lucha termina.
Y comenzamos nuevamente.
Tapear a tiempo es, ante todo, una decisión de seguridad. No necesitamos demostrar valentía soportando una sumisión hasta lesionarnos.
Pero ese gesto también puede enseñarnos algo sobre nuestro ego.
Reconocer que hemos sido superados sin convertir el resultado en una medida de nuestro valor.
Tapear.
Aprender.
Dar la mano.
Y comenzar nuevamente.
Por eso, en determinadas circunstancias:
tapear también puede ser Agatsu.
Aceptar honestamente que fuimos superados puede requerir mucho más carácter que inventar una excusa para proteger nuestra imagen.
Porque la verdadera derrota no está en hacer el tap.
Está en negarnos a aprender por miedo a reconocer que perdimos.
Nuestro compañero no es nuestro enemigo
Esto nos lleva a otra idea fundamental.
La persona que tenemos frente a nosotros durante el entrenamiento no está allí para destruir nuestro progreso.
Está ayudándonos a descubrir nuestros errores.
Su presión revela nuestros espacios.
Su pase revela nuestra guardia.
Su escape revela nuestro control.
Su defensa revela nuestras limitaciones ofensivas.
Su resistencia pone a prueba nuestra técnica.
Incluso cuando nos finaliza nos está entregando información.
Por eso un buen compañero de entrenamiento posee un valor extraordinario.
Sin resistencia podemos imaginar que comprendemos.
Con resistencia podemos descubrir la verdad.
Y solamente desde esa verdad podemos mejorar.
Nuestro compañero no es el enemigo.
Es parte indispensable de nuestro aprendizaje.
La faixa no puede vencer por nosotros
El cinturón alrededor de nuestra cintura puede representar experiencia, conocimiento y años de práctica.
Pero no puede recorrer el camino por nosotros.
Una faixa preta también siente miedo.
También puede frustrarse.
Puede actuar impulsivamente.
Puede ser arrogante.
Puede equivocarse.
Puede ser finalizada.
Puede perder.
Y tiene todavía muchísimo que aprender.
Por eso una graduación no representa el final del trabajo interior.
En cierto sentido, aumenta nuestra responsabilidad.
Cuanto más sabemos controlar el cuerpo de otra persona, mayor debería ser nuestra capacidad de controlar el propio.
De poco sirve aprender sofisticados sistemas de control si seguimos siendo incapaces de controlar nuestra lengua, nuestra ira o nuestro ego.
La técnica sin carácter siempre estará incompleta.
El enemigo es el ego
Después de suficientes años sobre el tatami comenzamos a comprender algo.
Nuestro adversario más difícil no siempre es quien tenemos enfrente.
A veces es aquella parte de nosotros que necesita tener razón, que confunde perder con valer menos y que transforma cada entrenamiento en una prueba de nuestra propia importancia.
Es nuestro ego.
Pero no necesitamos destruirlo. Tampoco debemos confundir la victoria sobre nosotros mismos con negar nuestras emociones, ambiciones o deseos de superación.
Necesitamos aprender a reconocer cuándo esas emociones comienzan a gobernar nuestras decisiones.
Porque sentir miedo no significa haber sido derrotados por él. Frustrarnos no significa que hayamos fracasado. Y querer ganar no nos convierte en personas arrogantes.
La diferencia está en lo que hacemos con aquello que sentimos.
Podemos reconocer el miedo y actuar con prudencia. Sentir frustración y continuar aprendiendo. Desear la victoria sin convertirla en una medida de nuestro valor.
La victoria sobre uno mismo no consiste en dejar de sentir, sino en aprender a actuar sin convertirnos en esclavos de nuestras emociones.
Y esa victoria no se conquista definitivamente.
Debemos cultivarla en cada entrenamiento, cada dificultad y cada decisión.
Aquí y ahora.
Masakatsu Agatsu Katsuhayabi en 4th Axis
En 4th Axis Jiu-Jitsu, Masakatsu Agatsu Katsuhayabi representa mucho más que una antigua expresión japonesa.
Representa aquello que aspiramos a construir mediante nuestra práctica.
Queremos comprender principios.
Construir sistemas.
Resolver problemas bajo presión.
Desarrollar un Jiu-Jitsu técnicamente eficiente.
Pero existe un sistema todavía más importante que debemos aprender a gobernar:
nosotros mismos.
Nuestro cuerpo.
Nuestra respiración.
Nuestra atención.
Nuestras emociones.
Nuestro ego.
Nuestro carácter.
Porque el propósito del entrenamiento no debería ser solamente convertirnos en personas capaces de controlar mejor a otros.
También debería ayudarnos a convertirnos en personas más capaces de gobernarse a sí mismas.
Mantener la calma cuando existe presión.
Perseverar cuando aparece la dificultad.
Aceptar cuando estamos equivocados.
Aprender de nuestros errores.
Aceptar nuestras derrotas.
Actuar a pesar del miedo.
Utilizar fuerza cuando es necesaria y abandonarla cuando deja de serlo.
Vencer sin arrogancia.
Perder sin quebrarnos.
Y regresar siempre dispuestos a aprender.
La verdadera victoria
Tal vez algún día ganemos un campeonato.
Tal vez no.
Recibiremos nuevas faixas, alcanzaremos objetivos y superaremos adversarios que alguna vez parecían imposibles.
Todas esas victorias merecen ser celebradas.
Pero ninguna será definitiva.
Siempre habrá otro entrenamiento, otro problema que resolver y una nueva dificultad que enfrentar.
Y siempre habrá algo de nosotros mismos que todavía necesitemos comprender, cultivar o superar.
Por eso Masakatsu Agatsu Katsuhayabi continúa teniendo significado en nuestra manera de practicar y enseñar Jiu-Jitsu.
Porque nos recuerda que existe una victoria que nadie puede entregarnos.
No podemos comprarla ni recibirla mediante una graduación. Tampoco podemos conseguirla simplemente derrotando a otra persona.
Es una victoria que debemos construir mediante nuestras propias decisiones.
Cuando sentimos miedo y elegimos actuar con prudencia.
Cuando nos equivocamos y tenemos la humildad de aprender.
Cuando ganamos sin arrogancia y perdemos sin renunciar a mejorar.
Cuando conseguimos gobernarnos a nosotros mismos, incluso por un instante.
正勝 吾勝 勝速日
Masakatsu Agatsu Katsuhayabi
La verdadera victoria es la victoria sobre uno mismo, aquí y ahora.
Fuentes y lecturas consultadas
Nishioka Kazuhiko, «Amenooshihomimi», Encyclopedia of Shinto, Universidad Kokugakuin. Documenta el nombre del kami en el Kojiki y el Nihon Shoki.
«Takemusu Aiki: Lectures of Morihei Ueshiba, Founder of Aikido (1)», Aikido Journal. Recoge el uso de la expresión en una enseñanza de Ueshiba y explica su vínculo con el Kojiki.
Aikido Journal — Explicaciones de Michio Hikitsuchi sobre Katsuhayabi y Masakatsu Agatsu.
4th Axis Jiu-Jitsu · Faixa Preta · IBJJF




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