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Visión, Valores y Propósito del Dojo: Más que aprender a luchar

Foto del escritor: David Tapia López
David Tapia López
7 ago
9 min de lectura

Actualizado: hace 10 horas

"El autocontrol es la fuerza.

El pensamiento correcto es dominio.

La calma es poder."

— James Allen, As a Man Thinketh, capítulo VII: “Serenity” (Traducción propia)


Alumnos de 4th Axis Jiu-Jitsu entrenando juntos en el dojo de Quilicura.
Práctica de Jiu-Jitsu en 4th Axis — En el tatami no aprendemos solamente técnicas para controlar a otro. Aprendemos a enfrentar dificultades, cuidar a nuestros compañeros, perseverar y desarrollar la capacidad de gobernarnos a nosotros mismos. Porque el propósito del dojo va mucho más allá de aprender a luchar.

¿Por qué entrenamos?


La respuesta más evidente parece sencilla.

Entrenamos para aprender Brazilian Jiu-Jitsu.

Para desarrollar técnica.

Para mejorar nuestra condición física.

Para aprender a controlar, escapar, barrer y finalizar.

Para ser capaces de defendernos.


Todo eso es cierto.


Pero después de muchos años recorriendo el camino marcial, creo que existe una pregunta todavía más importante:


¿En qué clase de persona nos está convirtiendo aquello que practicamos?


Porque un dojo puede ser simplemente un lugar donde aprendemos técnicas.


O puede convertirse en algo mucho más profundo.


Un espacio donde aprendemos disciplina.

Donde enfrentamos nuestras limitaciones.

Donde descubrimos nuestras fortalezas y debilidades.

Donde aprendemos a convivir con la frustración.

Donde aceptamos nuestros errores y derrotas.

Donde ayudamos a otros a crecer.


Y donde, poco a poco, aprendemos algo mucho más difícil que controlar a otra persona:

aprendemos a gobernarnos a nosotros mismos.


Ese es el propósito que buscamos en 4th Axis Jiu-Jitsu.



El Dojo — 道場

El lugar donde se practica el camino


La palabra japonesa Dōjō (道場) contiene una idea mucho más profunda que simplemente «lugar de entrenamiento».


Dō (道) significa camino o vía.

Jō (場) significa lugar.


Podemos entenderlo, entonces, como:

«el lugar del camino».


Históricamente, el término posee raíces anteriores a las artes marciales y estuvo relacionado con espacios destinados al estudio y la práctica espiritual. Con el tiempo pasó a identificar también el lugar donde se practican las artes marciales japonesas.


Por eso siempre me ha parecido insuficiente pensar en el dojo simplemente como un gimnasio.


Un gimnasio puede ser el lugar donde entrenamos nuestro cuerpo.


Un dojo debería aspirar a ser también un lugar donde formamos nuestro carácter.


Eso no ocurre porque el espacio tenga algo mágico.

Ocurre por la manera en que decidimos comportarnos dentro de él.



Nuestra visión


En 4th Axis Jiu-Jitsu buscamos desarrollar practicantes capaces de comprender el Jiu-Jitsu, no simplemente de reproducir movimientos.


No queremos coleccionistas de técnicas.


Queremos personas capaces de reconocer problemas, comprender principios, establecer relaciones y encontrar soluciones bajo presión.


De ahí nace uno de nuestros principios pedagógicos fundamentales:


Una técnica puede resolver una situación específica.


Un principio puede ayudarnos a comprender muchas.


Un sistema nos permite conectar esos principios y adaptarnos cuando las circunstancias cambian.


Esta visión pedagógica se desarrolla dentro del Sistema Maximus 3‑4‑5 , la estructura mediante la cual organizamos el aprendizaje, el desarrollo técnico y el propósito de nuestra práctica.


Pero nuestra visión no termina en la eficiencia técnica.


Porque podemos construir un practicante técnicamente extraordinario y, al mismo tiempo, fracasar completamente en su formación humana.


Para nosotros, ambas dimensiones deben avanzar juntas.


Técnica y carácter.


Capacidad y responsabilidad.

Fuerza y autocontrol.

Confianza y humildad.



El autocontrol es la fuerza


Existe una forma evidente de fuerza.

La fuerza física.

Es importante.

La desarrollamos.

La entrenamos.

Aprendemos a utilizarla.


Pero existe otra considerablemente más difícil de construir:


la capacidad de gobernarnos cuando nuestras emociones intentan gobernarnos a nosotros.


Mantener la calma cuando estamos incómodos.

No responder inmediatamente desde la ira.

Aceptar una corrección.

Controlar nuestro orgullo.

No utilizar más fuerza de la necesaria.

Reconocer cuándo debemos detenernos.

Aceptar que alguien fue mejor que nosotros ese día.


Tapear antes de lesionarnos por proteger nuestro ego.


Ayudar a un compañero menos experimentado en lugar de utilizarlo para demostrar nuestra superioridad.


Eso también es fuerza.


Quizás una forma mucho más importante de ella.


Porque ser capaz de imponer nuestra voluntad sobre otra persona puede demostrar capacidad.


Ser capaz de gobernar nuestra propia voluntad demuestra carácter.



El pensamiento correcto es dominio


El Jiu-Jitsu nos coloca constantemente frente a problemas.


Alguien controla nuestras piernas.

Nos pasa la guardia.

Nos monta.

Aísla nuestro brazo.

Rompe nuestra postura.


Nuestra primera respuesta suele ser emocional.

Empujar.

Tirar.

Acelerar.

Utilizar fuerza.

Intentar hacer algo.


Con el tiempo descubrimos que reaccionar más no significa necesariamente resolver mejor.


Tenemos que aprender a observar.


¿Qué está ocurriendo realmente?

¿Cuál es el problema inmediato?

¿Qué debo proteger primero?

¿Dónde está la estructura de mi adversario?

¿Dónde está la mía?

¿Qué puedo recuperar?

¿Qué puedo conceder momentáneamente?

¿Qué principio gobierna esta situación?


Entonces dejamos de luchar solamente contra una persona.


Comenzamos a resolver un problema.


Esta capacidad de pensar bajo presión es una de las grandes enseñanzas del Jiu-Jitsu.

Y no termina cuando salimos del tatami.



La calma es poder


Todos podemos estar tranquilos cuando nada está ocurriendo.

La verdadera prueba aparece cuando existe presión.


Cuando estamos cansados.

Cuando nos falta aire.

Cuando estamos atrapados.

Cuando algo no funciona.

Cuando tenemos miedo.


El practicante experimentado no necesariamente posee menos problemas que el principiante.


Aprende a relacionarse de otra manera con ellos.


Respira.

Observa.

Protege.

Piensa.

Actúa.


La calma no significa pasividad.

Tampoco significa ausencia de intensidad.


Significa conservar nuestra capacidad de decidir cuando sería fácil simplemente reaccionar.


Y esa capacidad es poder.

En el tatami.

Y fuera de él.



Nuestros valores: técnica, carácter y respeto


Tres palabras resumen buena parte de aquello que buscamos cultivar:


Técnica


Queremos un Jiu-Jitsu real.

Eficiente.

Comprendido.

Probado contra resistencia.


No queremos movimientos que funcionen solamente cuando nuestro compañero coopera.


Queremos comprender por qué funcionan.


La técnica nos permite utilizar inteligencia, estructura, timing y posición en lugar de depender exclusivamente de atributos físicos.


Pero la técnica, por sí sola, no basta.



Carácter


El tatami revela mucho.


Es difícil esconder nuestro carácter cuando estamos cansados, frustrados y bajo presión.


Allí aparece nuestra impaciencia.

Nuestro miedo.

Nuestro ego.

Nuestra perseverancia.

Nuestra capacidad para aceptar una derrota.

Nuestra disposición para ayudar.

Nuestra reacción frente al éxito.

Y nuestra reacción frente al fracaso.


Por eso los errores y las derrotas no son accidentes que interrumpen nuestro camino.


Son parte del camino.


Nos muestran aquello que todavía debemos trabajar.

Técnicamente.

Y algunas veces personalmente.



Respeto


Respeto no significa obediencia ciega.

Tampoco significa jerarquías artificiales.


Significa reconocer el valor de quienes comparten el camino con nosotros.


Respetamos a nuestros maestros porque recibimos de ellos conocimiento y experiencia.

Respetamos a nuestros compañeros porque sin ellos no podríamos entrenar.

Respetamos al principiante porque tuvimos exactamente el mismo cinturón.

Respetamos al practicante avanzado porque conocemos los años que representa su recorrido.


Y respetamos incluso a nuestro adversario.


Porque su resistencia nos obliga a descubrir la verdad sobre nuestra técnica.


Nadie aprende Jiu-Jitsu solo.

Necesitamos unos de otros.



El compañero como parte de nuestro aprendizaje


Existe algo extraordinario en las artes de combate.


Para aprender a controlar a otra persona necesitamos que esa persona intente impedirlo.


Nuestro compañero nos entrega progresivamente resistencia.

Nos presenta problemas.

Encuentra nuestros errores.

Escapa de nuestros controles.

Pasa nuestra guardia.

Nos barre.

Nos finaliza.


Y gracias a ello mejoramos.


Por eso quien tenemos enfrente durante el entrenamiento no es nuestro enemigo.


Es nuestro compañero de aprendizaje.


Existe un acuerdo implícito entre ambos:

yo te ayudo a mejorar y tú me ayudas a mejorar.


Eso cambia completamente el significado del entrenamiento.

Queremos vencer la resistencia.


No destruir a la persona que nos la ofrece.



La responsabilidad del más experimentado


Dentro del dojo existen diferencias.


Edad.

Peso.

Fuerza.

Experiencia.

Capacidad técnica.


Pero cuanto mayor sea nuestra ventaja, mayor debería ser también nuestra responsabilidad.


Una faixa avanzada no debería necesitar destruir a un principiante para demostrar que sabe más Jiu-Jitsu.


Ya sabemos que sabe más.


Su desafío es otro.

Controlar su intensidad.

Permitir que el compañero trabaje.

Crear problemas adecuados a su nivel.

Corregir cuando corresponde.

Y protegerlo mientras aprende.


El conocimiento no solamente entrega capacidad.

Entrega responsabilidad.


Un dojo fuerte no es aquel donde los más experimentados dominan a todos.

Es aquel donde utilizan su experiencia para elevar el nivel de quienes vienen detrás.



La humildad de comenzar nuevamente


Cada graduación representa un logro.


Pero también representa un nuevo comienzo.

Una faixa no nos convierte en invulnerables.

No elimina nuestros errores.

No garantiza que siempre tendremos razón.

Y ciertamente no evita que alguien pueda finalizarnos.


Por eso debemos conservar algo del cinturón blanco durante toda nuestra vida marcial:

la disposición a aprender.


Preguntar.

Experimentar.

Equivocarnos.

Cambiar de opinión.


Volver a estudiar algo que creíamos dominar.


El día en que creemos que ya sabemos suficiente comenzamos a limitar nuestro propio crecimiento.


La faixa puede cambiar.

El estudiante debería permanecer.



Masakatsu Agatsu Katsuhayabi


Dentro de 4th Axis existe una expresión que resume buena parte de esta filosofía:

正勝 吾勝 勝速日

La interpretamos como:

«La verdadera victoria es la victoria sobre uno mismo, aquí y ahora.»


Queremos mejorar nuestra capacidad para enfrentar a otros.


Pero nuestra batalla más persistente será siempre interior.

Contra el miedo.

La pereza.

La frustración.

La arrogancia.

La necesidad de reconocimiento.

Las excusas.

El ego.


No venceremos esas cosas definitivamente.

Tendremos que enfrentarlas una y otra vez.

Cada entrenamiento.

Cada error.

Cada derrota.


Cada vez que tengamos que elegir entre reaccionar impulsivamente o actuar de acuerdo con nuestros principios.


Ahí comienza Agatsu.



El Fénix


El Fénix representa la identidad de 4th Axis porque expresa otra idea fundamental:


podemos reconstruirnos.


Todos atravesamos dificultades.


En el Jiu-Jitsu.

Y en la vida.

Caemos.

Nos equivocamos.

Perdemos.


Algunas veces debemos detenernos.

Algunas veces creemos haber retrocedido.


Pero siempre existe la posibilidad de aprender de aquello que ocurrió y levantarnos diferentes.


No se trata simplemente de regresar.


Se trata de regresar transformados.


Más conscientes.

Más humildes.

Más fuertes.


Por eso nuestros errores no nos definen.


Lo importante es aquello que hacemos después de ellos.

Caer forma parte del camino.


Aprender a levantarnos también.



Un espacio seguro para aprender


Para que todo esto sea posible necesitamos algo fundamental:

confianza.


El dojo debe ser un lugar donde podamos aprender sin miedo a ser ridiculizados.

Donde preguntar sea bienvenido.


Donde equivocarnos sea parte natural del proceso.


Donde podamos hacer tap sabiendo que nuestro compañero respetará inmediatamente nuestra decisión.


Donde el practicante más pequeño pueda entrenar con alguien considerablemente más fuerte sin convertirse en material de sacrificio.


Donde competir sea una elección y no una obligación.


Donde podamos entrenar intensamente sin confundir intensidad con irresponsabilidad.


Un lugar donde podamos ser exigentes sin dejar de cuidarnos.

Porque sin seguridad no existe confianza.

Sin confianza no existe experimentación.

Y sin experimentar resulta muy difícil aprender.



Disciplina sin culto


El dojo necesita reglas.

Puntualidad.

Higiene.

Respeto.

Orden.

Cuidado del espacio.

Responsabilidad con nuestros compañeros.


Pero existe una diferencia importante entre disciplina y sometimiento.


No queremos formar personas incapaces de cuestionar.


Queremos formar personas capaces de pensar.


Un profesor no debería necesitar convertirse en una figura infalible para enseñar.

También se equivoca.

También aprende.

También continúa recorriendo el camino.


La autoridad dentro del dojo debería surgir del conocimiento, la experiencia, la coherencia y la responsabilidad.


No del miedo.


Porque el propósito de un maestro no debería ser crear seguidores.


Debería crear practicantes capaces de caminar por sí mismos.



Comunidad


El Jiu-Jitsu puede parecer un camino individual.


Nuestra técnica.

Nuestra graduación.

Nuestro progreso.


Pero nada de eso existiría sin comunidad.

Necesitamos alguien que sostenga los pads.

Alguien que nos entregue resistencia.

Alguien que nos corrija.

Alguien que nos haga tap.

Alguien que nos ayude cuando estamos comenzando.

Alguien que confíe en nosotros cuando le toca comenzar.


Cada persona que entra al tatami pasa a formar parte, aunque sea temporalmente, del aprendizaje de todos los demás.


Por eso queremos construir una comunidad donde exista exigencia, pero también generosidad.


Competencia, pero no rivalidad destructiva.


Jerarquía técnica, pero dignidad humana equivalente.

Podemos tener diferentes faixas.


Pero todos compartimos el mismo tatami.



Lo que ocurre fuera del dojo


Existe finalmente una prueba mucho más importante que cualquier roll.


¿Qué ocurre cuando salimos?


Si aprendemos autocontrol solamente cuando vestimos un Gi, todavía nos falta comprenderlo.


Si hablamos de respeto dentro del dojo pero tratamos mal a las personas afuera, nuestro entrenamiento está incompleto.


Si podemos mantener la calma mientras alguien intenta estrangularnos, pero perdemos completamente el control ante una pequeña frustración cotidiana, todavía tenemos trabajo que hacer.


El verdadero valor de los principios aparece cuando comienzan a acompañarnos fuera del tatami.


En nuestra familia.

En nuestro trabajo.

En nuestras relaciones.


En la manera en que enfrentamos dificultades.

No esperamos que el Jiu-Jitsu convierta automáticamente a nadie en una buena persona.

Eso sería ingenuo.


El arte nos entrega oportunidades.


Nos corresponde decidir qué hacemos con ellas.



Nuestro propósito


El propósito de 4th Axis Jiu-Jitsu no es solamente enseñar Brazilian Jiu-Jitsu.


Queremos enseñar un Jiu-Jitsu basado en principios, sistemas y comprensión.

Queremos desarrollar practicantes técnicamente capaces.


Pero también queremos contribuir a formar personas disciplinadas, conscientes, responsables y de buen carácter.


Personas capaces de defenderse.


Pero que no necesiten buscar conflictos.


Capaces de competir.

Pero que no definan su valor por una victoria o una derrota.


Capaces de ejercer fuerza.

Pero también de controlarla.


Capaces de enseñar.

Y suficientemente humildes para continuar aprendiendo.


Queremos que nuestros alumnos comprendan que la verdadera fortaleza no consiste solamente en aquello que podemos hacerle a otra persona.


También está en aquello que somos capaces de no hacer, aun cuando podríamos hacerlo.

Por eso las palabras de James Allen representan tan bien aquello que aspiramos a construir:


El autocontrol es la fuerza. El pensamiento correcto es dominio. La calma es poder.

Porque finalmente el Jiu-Jitsu nos entrega un laboratorio extraordinario para estudiar algo mucho más grande que el combate.


A nosotros mismos.


Y quizás ese sea el verdadero propósito del dojo.


No crear personas que nunca caigan.

Sino personas que sepan levantarse.


No crear personas que nunca sientan miedo.

Sino personas capaces de actuar correctamente a pesar de él.


No crear personas obsesionadas con vencer a los demás.

Sino personas que comprendan que la batalla más importante comienza dentro de ellas mismas.


Masakatsu Agatsu Katsuhayabi.

La verdadera victoria es la victoria sobre uno mismo, aquí y ahora.


Fuentes y referencias


4th Axis Jiu-Jitsu · Faixa Preta · IBJJF


Sistemas sobre técnicas.

Técnica, carácter y respeto.

1 comentario


beatapia
20 ago

Hermoso todo el sistema y un gran profe !

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