Amatsu Norito: purificación, sonido y el espíritu del Budō
Actualizado: hace 8 horas
Desde tiempos inmemoriales, el ser humano ha intentado acercarse a su propia esencia espiritual y comprender el sentido de su existencia. Algunas culturas lo han hecho mediante religiones organizadas; otras, mediante tradiciones filosóficas, prácticas contemplativas, rituales o caminos de desarrollo personal.
Aunque estas tradiciones surgieron en lugares y épocas muy diferentes, resulta fascinante observar ciertos elementos que se repiten.
El fuego y la luz de las velas.
El humo y los aromas del incienso.
El agua como elemento purificador.
La respiración consciente.
El silencio.
El sonido.
La repetición de determinadas palabras.
La postura del cuerpo.
Cambian los nombres, los símbolos y las explicaciones, pero parece permanecer una misma intuición: antes de transformar nuestras acciones, necesitamos transformar nuestro estado interior.
Dentro de las artes marciales japonesas encontramos también estas prácticas.
Una de ellas es el Amatsu Norito.

¿Qué es un Norito?
Los norito (祝詞) son antiguas fórmulas rituales japonesas vinculadas al Shintō, la tradición espiritual originaria de Japón. Son recitaciones solemnes cuyo lenguaje conserva expresiones arcaicas que incluso para un japonés contemporáneo pueden resultar difíciles de interpretar.
Por eso, cuando intentamos traducir un norito literalmente aparece inmediatamente un problema: una misma palabra puede contener significados religiosos, culturales, poéticos y simbólicos que difícilmente pueden trasladarse mediante una única palabra occidental.
El Amatsu Norito es una recitación relacionada fundamentalmente con la idea de purificación.
En ella aparecen conceptos centrales de la tradición japonesa como misogi (purificación, tradicionalmente mediante el agua), harai (retirar o expulsar la impureza), tsumi (falta, transgresión o aquello que altera el orden) y kegare (impureza o contaminación espiritual).
Esto es importante porque no debemos apresurarnos a interpretar tsumi o kegare simplemente como «pecado» en el sentido que esa palabra adquirió dentro de la tradición judeocristiana.
El concepto es diferente.
La purificación busca restablecer un determinado orden, claridad y armonía.
Ōmoto, Morihei Ueshiba y el Aikido
Para comprender por qué encontramos este tipo de recitación dentro de la historia del Aikido debemos hablar de Morihei Ueshiba, fundador del arte.
Ueshiba estuvo profundamente influenciado por Ōmoto-kyō, un movimiento espiritual japonés surgido a finales del siglo XIX, y especialmente por su relación con Onisaburō Deguchi, una de sus figuras más importantes.
Buena parte del lenguaje con el que posteriormente explicaría su comprensión del Aiki estuvo impregnado por conceptos espirituales y cosmológicos provenientes de ese contexto.
También otorgó gran importancia al kototama o kotodama (言霊) —literalmente, «espíritu de la palabra»—, concepto tradicional japonés según el cual los sonidos y las palabras poseen una fuerza espiritual que trasciende su significado literal.
De esta manera, respiración, sonido, postura, movimiento y conciencia dejaron de ser elementos completamente separados.
El Aikido de Ueshiba terminó desarrollando una dimensión en la que la práctica marcial podía ser entendida también como una forma de misogi (禊) —purificación del cuerpo, la mente y el espíritu—, un proceso de limpieza interior a través de la práctica.
Pero aquí considero necesario hacer una distinción fundamental.
El Budō no es una religión.
Budō (武道), literalmente «camino marcial», engloba las artes marciales japonesas entendidas no solamente como métodos de combate, sino también como caminos de formación.
Practicar un arte marcial japonés no implica adherir al Shintō, a Ōmoto-kyō ni a las creencias religiosas personales de Morihei Ueshiba.
Comprender el origen de un ritual tampoco significa necesariamente convertir su práctica en un acto de adoración religiosa.
Podemos estudiar estas tradiciones dentro de su contexto histórico y, al mismo tiempo, intentar comprender los principios humanos que existen detrás de ellas.
Mi encuentro con el Amatsu Norito
Hace muchos años llegó a mis manos una antigua grabación que entonces me fue presentada como realizada en el Aiki Jinja de Iwama, durante un Taisai de la década de 1970, en la que un sacerdote de Ōmoto-kyō recitaba el Amatsu Norito.
El Aiki Jinja es el santuario relacionado históricamente con Morihei Ueshiba y el desarrollo espiritual del Aikido en Iwama. Taisai, por su parte, hace referencia a una gran ceremonia o festival solemne.
En aquel momento, la grabación no incluía ninguna transcripción disponible.
Así que hice algo bastante poco científico, pero enormemente enriquecedor: durante semanas me dediqué a escucharlo una y otra vez, intentando escribir fonéticamente aquello que escuchaba.
Transcripción fonética personal.
El resultado fue aproximadamente el siguiente:
Taka amahara ni mototsumi oyasumi ookami
amata no kamigami o tsudoete toko toha ni kami tsumarimasu
Kamurogi Kamuromi no mikoto mochite kamu Izanagi no mikoto o
Tsukushi no Himuka no tachihana no odo no Ahagi-ahara ni
Misogi harai tamao toki ni narimaseru haraido no ookami-tachi
Moro-moro no magagoto tsumi kegare o Harahi tama-e
Yahorosu no kamitachi tomo ni
Ame no fuchikoma ni mimi furitatete ni Koshimedetoo
Kashikomi kashikomi mo maosu
Kan-nagara tamachi ha-e mase
Kan-nagara tamachi ha-e mase
Con los años y con mejores fuentes disponibles, resulta evidente que aquella transcripción contiene errores y aproximaciones fonéticas. Y difícilmente podía ser de otra manera.
No solamente estaba intentando reconocer japonés de oído, sino japonés ritual arcaico, recitado con una entonación ceremonial, sin disponer entonces de una transcripción con la cual compararlo.
Sin embargo, al estudiar posteriormente otras versiones, descubrí que había conseguido reconocer una parte sorprendentemente importante de su estructura.
Actualmente, la grabación disponible contiene una transcripción añadida posteriormente. Esta presenta diferentes discrepancias y aparentes errores respecto de lo que puede escucharse en el audio.
Por esa razón he preferido conservar aquí mi transcripción fonética original, realizada directamente desde la grabación, reconociendo expresamente sus limitaciones y acompañándola de una romanización más normalizada basada en otras versiones documentadas del norito.
Una romanización comparativa aproximada y más normalizada de algunas de sus partes sería:
Taka-amahara ni kamu-zumarimasu
Kamurogi Kamuromi no mikoto mochite
Sume-mioya kamu Izanagi no Mikoto
Tsukushi no Himuka no Tachibana no Odo no Awagihara ni
Misogi harai tamō toki ni narimaseru
Haraido no Ōkami-tachi
Moromoro no magagoto tsumi kegare o
Harai tamae kiyome tamae
Amatsu-kami Kunitsu-kami
Yaoyorozu no kami-tachi tomo ni
Ame no fuchikoma no mimi furitatete kikoshimese to
Kashikomi kashikomi mo mōsu
Existen diferentes versiones y variantes del norito, por lo que no pretendo presentar esta romanización como una reconstrucción académica definitiva de aquella grabación particular.
Lo verdaderamente importante para este artículo es comprender qué está intentando expresar.
Mi interpretación del Amatsu Norito
Cuando estudié aquella grabación hace años, intenté expresar en español no una traducción académicamente literal, sino aquello que yo entendía como el sentido profundo de la recitación.
Es importante hacer esta precisión:
Lo que sigue no pretende ser una traducción académica ni literalmente exacta del japonés.
Es una interpretación personal, nacida del estudio de aquella grabación, de las traducciones y explicaciones a las que pude acceder entonces y de mi propia comprensión de su significado dentro del camino marcial.
La escribí así:
"Espíritus de la purificación creados por orden del Padre y la Madre, justo en el momento en que Izanagi no Mikoto se bañó en un río de estrellas, rodeado de los árboles siempre frondosos en la región del Sur.
Te pedimos de la forma más humilde y desde el fondo de nuestros corazones que, junto a los espíritus del cielo y la tierra y de acuerdo a los principios del fuego y el agua, tomen todas nuestras impurezas y males, para ser purificados.
Gran espíritu de la Armonía, hazte presente y protégenos.
Limpia y bendice nuestros espíritus.
Para que así se haga la voluntad de la creación.
Para que así se haga la voluntad de la creación."
Hoy haría muchas precisiones lingüísticas a ese texto.
Por ejemplo, «río de estrellas» es una interpretación poética y no una traducción literal del pasaje sobre el misogi de Izanagi.
Pero conservaría el texto.
Porque representa algo diferente: mi intento, en aquel momento, de comprender desde mi propia cultura y experiencia marcial aquello que estaba escuchando.
Y existe una idea de ese estudio que, muchos años después, sigo considerando válida.
Ahora que conocemos el sentido general de aquella interpretación, podemos comprender mejor algunos de los conceptos contenidos en el norito.
Izanagi y la purificación
Uno de los momentos fundamentales del Amatsu Norito hace referencia a Izanagi-no-Mikoto, una de las grandes figuras creadoras de la mitología japonesa.
Según los antiguos relatos japoneses, después de regresar de Yomi, el mundo de los muertos, Izanagi realiza un misogi para eliminar la contaminación adquirida durante su descenso.
De ese acto de purificación surgen además importantes kami.
Aquí encontramos una palabra japonesa especialmente difícil de traducir.
Kami (神) suele traducirse como «dios» o «divinidad», pero ninguna de las dos palabras refleja completamente el concepto japonés. Dependiendo del contexto, puede referirse a divinidades, espíritus, fenómenos o fuerzas de la naturaleza, ancestros venerados o presencias consideradas sagradas.
Por eso debemos tener cuidado de no interpretar automáticamente kami como equivalente exacto del concepto occidental de «Dios».
En el norito aparecen referencias relacionadas con aquel acto de purificación de Izanagi:
Tsukushi no Himuka no Tachibana no Odo no Awagihara
En Awagihara, junto a Odo de Tachibana, en la antigua región de Himuka (Hyūga), en Tsukushi (Kyūshū), lugar mítico donde Izanagi realizó su purificación.
y posteriormente:
Misogi harai...
Purificación y eliminación de aquello que perturba o contamina, para recuperar un estado de claridad y armonía.
El agua aquí no representa solamente higiene física.
Representa la posibilidad de retirar aquello que hemos acumulado y recuperar nuestro estado original.
Y ahí comienza, para mí, la verdadera conexión con el Budō.
Harai y Kiyome
Dos expresiones ayudan particularmente a comprender esta idea:
Harai tamae
Kiyome tamae
Harai contiene la idea de apartar, expulsar o eliminar aquello que contamina o perturba.
Kiyome significa limpiar, purificar.
給へ (tamae) es una forma clásica de 給ふ (tamau), verbo que también podía funcionar como auxiliar honorífico. Unido a harai y kiyome, otorga a la petición un tono reverencial, cercano a «dígnate a…», «por favor…» o «concédenos que…».
Así, Harai tamae y Kiyome tamae expresan respetuosamente la petición de retirar aquello que perturba y purificar.
No estamos hablando necesariamente de que el practicante sea «malo» y necesite ser perdonado.
Estamos hablando de algo mucho más interesante: quitar aquello que sobra.
Y cualquiera que haya practicado seriamente un arte marcial durante años probablemente comenzará a reconocer la analogía.
Porque aprender un arte marcial no consiste solamente en agregar.
También consiste en eliminar.
Eliminar tensión innecesaria.
Eliminar movimientos inútiles.
Eliminar respuestas impulsivas.
Eliminar miedo.
Eliminar rigidez.
Eliminar la necesidad constante de imponernos sobre el otro.
Y, quizá lo más difícil de todo, comenzar a eliminar poco a poco el ego que se interpone entre nosotros y aquello que realmente está ocurriendo.
El sonido como herramienta
Otro aspecto fascinante es la utilización del sonido.
Encontramos sonido ritual en prácticamente todas las culturas: campanas, tambores, cantos, mantras, salmodias, palmas, respiraciones y recitaciones.
Dentro de algunas tradiciones del Aikido esto adquiere especial relevancia a través del kototama.
Incluso las palmas que podemos encontrar al comenzar determinadas prácticas tienen un efecto evidente independientemente de la explicación religiosa que decidamos aceptar o rechazar.
El sonido rompe el estado anterior.
Marca una transición.
Un instante antes estábamos conversando, pensando en el trabajo, preocupados por nuestros problemas o simplemente distraídos.
Entonces:
dos palmas.
Silencio.
Algo ha cambiado.
No necesariamente afuera.
Dentro de ti.
El ritual ha cumplido una función.
Nos ha recordado que estamos entrando a otro espacio y que nuestra atención debe estar aquí.
El verdadero ritual de purificación es la práctica
Podemos quemar incienso.
Podemos encender una vela.
Podemos respirar.
Podemos juntar nuestras manos.
Podemos recitar palabras antiquísimas.
Pero nada de eso tiene demasiado valor si después continuamos siendo exactamente las mismas personas.
El verdadero misogi comienza cuando aparece la dificultad.
Cuando estamos cansados.
Cuando alguien nos domina.
Cuando nuestro plan falla.
Cuando sentimos miedo.
Cuando nuestro ego nos exige demostrar algo.
Ahí aparece el verdadero entrenamiento.
El tatami posee una extraordinaria capacidad para mostrarnos quiénes somos cuando las cosas dejan de funcionar como queremos.
Y por eso considero que el arte marcial puede convertirse en sí mismo en un ritual de purificación.
No porque exista algo mágico en el tatami.
Sino porque allí somos enfrentados constantemente con nosotros mismos.
Del Aikido al Jiu-Jitsu
Aunque este estudio nació de mi relación con el Aikido, con los años he encontrado el mismo principio dentro del Brazilian Jiu-Jitsu.
Un practicante principiante intenta controlar prácticamente todo mediante fuerza.
Aprieta.
Empuja.
Tira.
Contiene la respiración.
Se aferra a posiciones que ya perdió.
Lucha contra aquello que está ocurriendo.
Con el tiempo comienza a descubrir otra posibilidad.
Respirar.
Sentir.
Aceptar la dirección de la fuerza.
Crear estructura.
Eliminar tensión.
Esperar.
Moverse en el momento adecuado.
No necesariamente está haciendo más.
Muchas veces está aprendiendo a hacer menos, pero mejor.
Y quizás ésa sea una de las conexiones más hermosas entre misogi y Budō:
purificar también significa eliminar lo innecesario hasta que solamente permanezca lo esencial.
Eso vale para una técnica.
Pero también vale para una persona.
Entrar al tatami
Por eso creo que debemos aprender a entrar realmente al tatami.
No solamente caminar sobre él.
Entrar.
Dejar por un momento afuera nuestro cargo, nuestro dinero, nuestros problemas, nuestras victorias, nuestras derrotas y la imagen que hemos construido de nosotros mismos.
En el tatami nada de eso ejecutará un escape por nosotros.
Quedamos reducidos a algo mucho más sencillo:
nuestro cuerpo, nuestra respiración, nuestra mente y la persona que tenemos enfrente.
Entonces comienza el keiko (稽古), la práctica entendida no solamente como entrenamiento, sino como estudio y perfeccionamiento constante del camino.
Y cuando termina la práctica, idealmente no debería salir exactamente la misma persona que entró.
Tal vez ése sea el sentido más universal que encuentro hoy en aquel antiguo Amatsu Norito que escuché hace tantos años.
No necesitamos adoptar una religión para comprenderlo.
No necesitamos creer literalmente en cada elemento de su cosmología.
Pero sí podemos comprender la pregunta humana que existe detrás de él:
¿qué necesito retirar de mí para volver a aquello que es esencial?
Las artes marciales pueden ayudarnos a responderla.
No mediante palabras.
Mediante práctica.
Día tras día.
Técnica tras técnica.
Error tras error.
Caída tras caída.
Hasta comprender que nuestro adversario más persistente nunca estuvo realmente frente a nosotros.
Estaba dentro.
La verdadera victoria es la victoria sobre uno mismo.
Fuentes y referencias
4th Axis Jiu-Jitsu · Faixa Preta · IBJJF
Sistemas sobre técnicas.
Técnica, carácter y respeto.




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